“El arte marcial es un método de auto educación cuyo objetivo es conseguir que cada ser humano sea autónomo y capaz de tomar la responsabilidad de su propia vida. El practicante no recibe educación sino que aprende, guiado por un profesor, a educarse a sí mismo.”
Durante los años 70, después de años de práctica apasionada de Shotokan, empecé a encontrar algunos fallos técnicos en el karaté. Comenzó mi investigación personal sobre las formas tradicionales del kárate, investigación que me condujo a las raíces de la práctica marcial de combate sin armas, el Shaolin chuan. En aquel momento empecé a estudiar y a practicar el Shaolin.
Cuando en 1983 decidí fundar mi escuela en Paris, llamé mi practica del kárate Shaolin mon, o puerta del Shaolin, y propuse un método que redescubría las cualidades marciales del kárate original, llevando su práctica hacia la tradición del Shaolin. Se trata de un método en el cual inserté enseguida algunos elementos de artes marciales japonesas, que estudié y practiqué por mucho tiempo. Durante aquel periodo, para profundizar en mis investigaciones, viajé en China y a Taiwán, y volví varias veces a Japón.
A mediados de los años 90, me encontré listo para iniciar un nuevo recorrido personal, proponiendo una nueva forma de práctica, un nuevo arte marcial, fruto de mi experiencia. En aquel periodo conseguí por primera vez definir el objetivo de esta práctica: Jisei budo, o educarse uno mismo a través de las artes marciales.
En 1999, con la publicación en Japón del libro "Buteki Hassò ron" (Reflexiones sobres las artes marciales), llamé este recorrido Jisei-do, un nombre que significa la vía de la auto-educación, a través de la practica de un método que creamos nosotros mismos. Dado el éxito del libro en Japón, desde el 2002 vuelvo a mi país una semana al mes para dirigir prácticas en Tokio, Osaka y Fukuoka.
Mi recorrido llegó al punto que, paradójicamente, no tengo que indicar las artes marciales como punto de referencia de mi escuela. Cierto, mi arte, el arte que estudio, practico y enseño, es el arte del combate sin armas, pero el método es también una manera de abordar las cosas, un enfoque de la vida donde el arte practicada proporciona un crecimiento interior y espiritual, sea música o pintura. Y la práctica del arte de combate tiene que traer salud, bienestar y eficiencia, lo que significa volver a los orígenes, sin las deformaciones nefastas, físicas o mentales, que nacen del enfoque espectacular de un deporte de competición como un fin en sà mismo.
Tokitsu-Ryu es ahora el nombre del método de mi escuela, un método cuya finalidad es sencilla y accesible a las personas de todas les edades: la auto-educación a través de la práctica de artes marciales. Una práctica que, día tras día, ayuda a crear su propio recorrido en el arte como en la vida.
Practico las artes marciales sobre todo por placer, y también por placer realizo esta investigación que es también histórica. En Japón, después en Francia, y ahora en Italia, rehusé integrarme al sistema, ser un empleado anónimo en cualquier gran empresa. Elegí hacer lo que me gusta, y lo que me gusta son las artes marciales, la reflexión filosófica y los estudios sociológicos. Exploré el sentido de la vida según las perspectivas abiertas por mis pasiones. Hoy, vivo plenamente en la práctica y en el estudio de las artes marciales, en la investigación científica y literaria, y en el estudio de las ciencias sociales. Podría decir que vivo cada día como si estuviera de vacaciones. Y cuando estoy de vacaciones, hago las mismas cosas todos los días.
Maestro Kenji Tokitsu