Prefacio de Kenji Tokitsu al libro de Alain Stoll "Parcours d'un adepte"
Existen numerosas formas y niveles de combate. Cuando una persona afronta sus propios problemas e intenta cambiar voluntariamente, ya se trata de una forma de combate.
Me parece necesario cuestionarse acerca de las diferentes actitudes posibles en combate.
Cuándo hacéis combate libre estás más o menos atrapados por una excitación en la que se ,mezclan la agresividad y el miedo. Nadie ignora el miedo.Si alguien dice no tener miedo es, en mi opinión, porque no se ha dado cuenta de lo que es el combate, lo mismo que un ciego no tiene miedo de la serpiente.
Después de haber recibido algunos impactos, esta percepción tranquila va a perturbarse y uno comienza a prever los choques y el dolor de los golpes. Cuándo tenéis miedo de recibir golpes, el miedo deforma vuestra percepción. Aveces tenéis miedo a dar golpes al adversario, pero esto viene a ser fundamentalmente miedo a causaros mal a vosotros mismos.
Algunos dolores despertaron antiguos recuerdos que hacer resurgir los temores. El grado de deformación de la percepción está relacionado con el anclaje inconsciente del choque y del dolor.
Para mantener eficazmente el combate hay que dominar los problemas de percepción mediante el trabajo técnico y la experiencia.
si en el transcurso de combates sucesivos aprendéis a corregir errores como cerrar los ojos, dejarse coger por una finta, fallar un encadenamiento técnico, estar demasiado contraído para poder desplazarse correctamente, tener los hombros demasiado contraídos,.... la experiencia del combate es positiva. El trabajo técnico y esta experiencia positiva darán la posibilidad de separar el dolor de la angustia.
Estos progresos os permitirán medir con exactitud el grado de los impactos que dais y recibís, lo que os ayudará a corregir los problemas perceptivos asociados al combate.
Sin embargo, hay una cuestión esencial: "¿Cómo hacer positivas las experiencias de combate y hacer progresos técnicos que tiendan a corregir las deformaciones perceptivas?".
El vector del combate está separado de la realidad ordinaria.
¿Cómo podemos restablecer una percepción correcta de esta "realidad" separada sobre el plano de las tensiones física y mental?
Hay dos actitudes posibles, y según la que adoptéis, la calidad de la práctica del combate variará radicalmente.
La actitud más frecuente es la de intentar camuflar o esconder el miedo mediante la violencia. Visto desde el exterior sois tan combativos que parecéis nadar en una nube de violencia: los movimientos de vuestros ataques se anticipan al equilibrio de vuestras piernas.
A veces uno interpreta equivocadamente: "es valiente". En efecto, vuestra visión es limitada. No veis la totalidad del cuerpo del adversario, sólo percibís una pequeña parte.
Podéis incluso poneros furiosos. Si el combate toma amplitud porque el adversario es de un nivel técnico equivalente y capaz de devolveros los golpes, una vez terminado el combate, al volver a casa sentiréis dolor en todas las partes del cuerpo al respirar.
La violencia de los gestos en el momento del combate es independiente de la gentileza de una persona. Una persona de una gran gentileza puede manejar el combate de una manera muy agresiva y mala tan pronto como realiza el combate libre. El origen de la agresividad se sitúa profundamente en la personalidad y está fuertemente ligada a la expresión de la energía vital. La mayor parte de los deportes de combate se apoyan sobre esta agresividad para construir la eficacia. Sin embargo, en nuestra práctica del budo debemos buscar la eficacia de manera diferente.
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