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Artículos de K. Tokitsu
    Los porqués de un practicante. 2ª Parte
        

"Prefacio de Kenji Tokitsu al libro de Alain Stoll "Parcours d'un adepte"

Puedes ir a la primera parte haciendo click aquí

La definición tradicional del budo: "La formación del hombre mediante el trabajo de profundización del combate". La ambigüedad de esta definición e insuficiente elaboración de su puesta en práctica son origen de confusiones. En efecto, los boxeadores de alto nivel son también capaces de mantener una visión clara y permanecer lúcidos durante el combate. Si uno puede formar y desarrollar las cualidades humanas mediante la práctica seria del combate, los campeones de boxeo deberían estar cerca de la santidad.

Es evidente que la simple eficacia en combate no basta para constituir la calidad del budo.

El combate del Budo necesita, en el marco de la búsqueda de la eficiencia, una forma de introspección relativa a las tensiones y a los gestos del combate. Debéis buscar llenar cada instante del combate mediante una sensación de plenitud existencial que no deje lugar a ningún instante de vacío, Dónde la presencia se mantenga sin ninguna ruptura.taiji.jpg (162858 bytes)

Si por ejemplo el adversario lanza un ataque fintado a vuestro rostro y realizáis contra él un gesto de parada o esquiva, habéis sido engañados por una finta que no tenía la consistencia real de un ataque. Habéis reaccionado frente a una ficción. No habéis sabido discernir el acto del simulacro. No habéis captado la realidad del combate. Incluso si el adversario no ha tenido éxito en aprovechar esta ocasión para daros un golpe, habéis perdido porque el adversario ha sabido haceros mover mediante una cato ficticio. El adversario ha tenido éxito en hacer que hagáis un gesto falso para vuestro pesar.

Me explico empleando términos de Budo: habéis reaccionado mediante el lleno (JITSU) contra el vacío (KYO) del adversario, porque habéis sido engañados para creer que el vacío era lleno, o lo que era falso, verdadero. Lo real se os ha escapado en este instante; vuestra existencia ha tenido una debilidad.

La calidad del Budo reposa sobre la manera de estar presente: antes incluso de que haya un encadenamiento técnico se desarrolla el combate más importante.

Mediante diferentes presiones sutiles: mirada, pausas de respiración, esquiva de movimientos, incluso mediante una manifestación de vuestra energía vital (KI) podéis penetrar en la falla existencial del adversario, cuidando siempre de cubrir las vuestras.

Cuando el adversario ha conseguido haceros mover de este modo, tenéis la posibilidad de encontrar gracias a él una falla en vuestra percepción existencial. Si el adversario os da un golpe en el momento de este vacío no podéis evitar el golpe y éste resonará profundamente en vosotros. En este momento preciso, gracias al adversario, podéis tomar viva conciencia de este vacío que podéis intentar llenar después.

La realidad del combate es compleja. Si sois cogidos por una finta o por una emanación de la voluntad del ataque del adversario, es a veces preferible en combate de entrenamiento con protección y con un compañero de confianza, no compensar vuestra falla y recibir un golpe.

Si intentáis compensar a cualquier precio vuestras debilidades, os arriesgáis a enmascarar vuestra sensibilidad para asumir vuestros propios fallos: en resumen, os habituáis a hacer trampa con vosotros mismos. Cuando practicáis el combate con una persona de nivel alto, capaz de controlar mejor que vosotros, entonces podéis beneficiaros mejor de esta actitud. Esta manera de abordar el combate está bien desarrollada en Kendo, dónde tenemos el recurso de la armadura. Esta está generalmente poco desarrollada en las Artes Marciales a manos vacías, sobre todo en Karate.

Sin embargo, en otros momentos, cuándo sois perturbados por una finta o por la voluntad de ataque del adversario, hay que llegar a ser capaz de restablecer inmediatamente la situación haciendo lo contrario.

Lo importante es manejar el combate con la apertura y la orientación de espíritu que os permitan comprender vuestro propio vacío y llenarlo enseguida. El que gana un combate debe saber criticarse a si mismo reexaminándolo más tarde:

"Acabé por darle un golpe, pero antes de hacerlo, ¿no estaba yo perturbado por los movimientos de mi adversario? ¿es que mi victoria aparente no se debe a un golpe fortuito? Debo intentar dar un golpe después de haber perturbado a mi adversario aprovechándome del momento en el que su espíritu está ausente... ¿es esto lo que hago?

Por que si podéis perturbar al adversario es apoyándoos en vuestra plenitud. Si el adversario os da un golpe en el momento en el que sois presos de un finta o de la presión de su voluntad de ataque, debéis inclinaros ante este hecho, por que os ha hecho daros cuenta del vacío presente en vosotros mismos.

¿Cómo  llegar a no dejarse perturbar? Es una cuestión clásica para los adeptos del sable , por que el problema de la percepción durante el ejercicio de combate proviene del miedo a recibir golpes, que tiene su origen en el miedo a la muerte. Afrontar esta cuestión ha conducido a algunos adeptos del sable a la práctica del Zen. Vivimos llevando unas lentes que tienen un gran número de filtros, entre ellos el miedo, a través de los cuales hacemos frente a lo "real". El zen enseña mediante "espíritu inmutable" la capacidad de no dejarse perturbar en las situaciones críticas. Es este uno de los objetivos principales de la práctica del combate en Budo.

El odio, el deseo, la inquietud, la angustia,... un pensamiento que surge son los filtros que deforman la realidad. Por ello, para manejar el combate en Budo hay que tener el espíritu vacío.

Este vacío es un estado de espíritu que permite hacer circular la energía vital de manera más eficaz. Se trata de algún modo de un estado de espíritu "depurado" que quita, cuando es posible, aquello que frena la energía y la percepción.

Esta orientación implica una forma moral, porque hemos sido educados socialmente   para emitir juicios sobre lo que está bien y lo que está mal. Cuando cometemos un acto malo, hay en el fondo de nosotros mismos una forma de culpabilidad que es una carga para nuestra conciencia, lo cual forma los filtros que deforman la realidad; mientras   que para un acto concebido como bueno nuestra conciencia nos queda disponible. Esta libertad de conciencia constituye una condición favorable en el desarrollo de la energía corporal. De este modo, la búsqueda del estado de espíritu "puro" o vacío que necesita el combate del Budo conlleva en sí una orientación moral.

Es lo que está en el origen de la máxima del arte del arte del sable: "El sable es justo si el espíritu es justo. El sable no es justo si el espíritu no es justo"

El zen enseña el no pensamiento, la negación del "mi" o el desapego del "yo" para liberarse de las trabas. Esto converge con la búsqueda de los adeptos del sable, que deben liberar plenamente sus capacidades potenciales.

La negación del yo no implica hacer un esfuerzo por que desaparezcan los deseos encerrándose en el fondo de uno mismo, lo que llegaría a ser una represión. Se trata de orientarse hacia un estado en el que los deseos insignificantes hagan frente espontáneamente ante el objetivo principal.

En esta trayectoria, la búsqueda de la eficacia implica una ética y un sentido profundo del perfeccionamiento que están en la base de la concepción del Budo. Es con este criterio como es posible definir el Budo y saber si nuestra práctica está ligada con él.

 

  • No restringir el campo visual:
    Durante el combate examináis de tiempo en tiempo si podéis ver los dos lados, siempre mirando al adversario en conjunto. Incluso cuando estéis inmersos en una acción violenta debéis al menos tener una visión global del adversario: de la cabeza a los pies. La restricción del campo visual significa que os dejáis llevar por un impulso incontrolable, que no sois dueños de vuestras propias acciones.
    Durante el combate examináis de tiempo en tiempo si podéis ver los dos lados, siempre mirando al adversario en conjunto. Incluso cuando estéis inmersos en una acción violenta debéis al menos tener una visión global del adversario: de la cabeza a los pies. La restricción del campo visual significa que os dejáis llevar por un impulso incontrolable, que no sois dueños de vuestras propias acciones.
  • El ejercicio de combate con con contacto es indispensable para medir la eficacia de las técnicas de defensa.
    Haciendo los ejercicios de combate sin tocar al otro nos arriesgamos mucho a caer en dos formas de trampas. El adversario ataca al rostro y le paráis. En el esquema de un puñetazo directo al rostro podéis tocar el brazo del adversario en dos momentos:cuando su puño llega y cuando se retira. Es evidente que vuestra parada es válida sólo en la primera hipótesis. Pero en el momento del combate tenéis la impresión de haber efectuado una parada perfecta, incluso si habéis tocado el brazo del adversario cuando se retira el puño.
    En el combate sin contacto el golpe que paráis se considera detenido antes de alcanzar el objetivo, el rostro, por ejemplo. El poder no es el mismo entre un golpe que se considera detenido  y un golpe efectuado que prolonga  más allá del punto de ataque; el segundo será mas poderoso y consistente que el primero.
    Por estas dos razones, más del 50% de los golpes que tenéis la impresión de haber parado en un combate sin contacto os alcanzarían si hubieran sido lanzados realmente. Para tener una justa conciencia de las técnicas de parada es entonces necesario examinarlas bien . Por eso la protección (casco) es un elemento útil.
  • Haced una distinción entre el ejercicio de combate con y sin protección.
    El combate con protección no es la misma cosa que el combate real, es evidente. El problema es que quienes insisten sobre este punto lo hacen para justificar no practicar jamás la forma de combate con contacto.
    Según mis observaciones, el que tiene la experiencia del combate sin haber tenido costumbre se encuentra en general con grandes dificultades. Cerrar los ojos cuando viene un ataque es una actitud de principiante, pero es lo que hacen casi todos los karatekas "clásicos" con sus veinte años de práctica. El fenómeno es simple de explicar: es difícil dominar aquello en lo que no se tiene experiencia. La protección es para nosotros una medida de seguridad y no se trata de golpear sin control. El control debe imponerse siempre. Durante los entrenamientos es absurdo dar golpes hasta acabar con el adversario a pesar de las protecciones.

 


En el curso de su historia, el arte del sable se impone como una "VIA" cuando la búsqueda de la eficacia en combate ha llegado a una moral del "bien" que orienta el conjunto de la vida humana. Pienso que se trata de la integración notable de dos elementos contradictorios: matar y actuar de acuerdo al "bien"(lo que los japoneses entienden por ser un hombre bueno). Esta convergencia cultural, fundamento del arte del sable, ha tenido puesta en práctica pero no ha sido suficientemente teorizada para que su realización esté jalonada de señales claras. La herencia cultural ha sido retomada a fin del siglo XIX adoptando separadamente las lógicas simplificadas y dejando de lado los dinamismos que habían desembocado en la integración de elementos paradójicos.
Cortocicuitar las dos ideas de combate y de moral omitiendo los sutiles pensamientos intermedios que los relacionan acaba por "descarnarse" en el entrenamiento, es decir, aceptar sufrir las dificultades (subordinación, golpes, castigos, humillación) y hacer sufrir a otros por que es bueno para la formación de la persona, y entonces es bueno para para la sociedad, lo cuál viene a confrontar el régimen existente. Es así como el Budo ha sido considerado en Japón durante mucho tiempo como la expresión de la extrema derecha y la garantía del militarismo moderno.

Del mismo modo, desde el fin del siglo XIX las disciplinas del Budo han sido enseñando aplicando los modelos militares. Es bajo este aspecto como el Karate ha sido introducido en Europa.

Conocemos en la historia de las ciencias humanas numeroso ejemplos de un pensamiento sutil y complejo cuya difusión y aplicación social son realizadas con simplificaciones drásticas. Lo importante para nosotros es concebir el Budo en su dimensión más global y profunda.

Sin esta dimensión del Budo, ¿qué interés tiene la práctica del combate, sobretodo para quienes tienen ya una edad respetable?

Cuanto más se entrena más se avanza, cuanto más se avanza más fuerte se es; cuanto más fuerte se es mayor profundidad se adquiere en el ser.

El método del Kendo es una realización práctica de esta idea.

Esta dimensión del combate no se alcanza, en mi conocimiento, en el arte a manos vacías, por que en estas disciplinas el combate se ha convertido en deporte, ya sea reducido a una experiencia convencional (ej. el Tui Shou de Tai Chi), ya sea orientado hacia una anticipación que alcanza a veces una dimensión mística("lanzar" al oponente por los aires mediante el Ki sin tocarle), ya sea llegado al combate donde la actitud global se define por la violencia(Da Cheng Chuan, Kick-Boxing, Muay Thai).

¿Cómo alcanzar en el arte de combate a manos vacías el nivel que ha conocido el Kendo? Dicho de otro modo, llegar a que el progreso en el arte del combate sea una medida concreta del avance en las capacidades y cualidades humanas, lo que forma el ideal de los guerreros japoneses. Es una cuestión que yo afronto desde hace varios años. Espero poder crear, con mis alumnos, una forma que aporte una respuesta satisfactoria.

Alain Stoll es uno más con quién yo prosigo la investigación de este camino.

 

Kenji Tokitsu.

 

 

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